
jueves, 3 de septiembre de 2009
Empecemos a Respetarnos

miércoles, 2 de septiembre de 2009
El último Viaje del Dr. Livingstone.

En diversos puntos del continente, Livingstone realizó exploraciones con el propósito de abrir vías de comunicación que permitieran un acceso más fácil a las personas y mercancías para mejorar la calidad de vida de las diferentes tribus. Descubrió el lago Ngami y el río Zambeze. También halló las cataratas de éste que luego se llamaron Cataratas Victoria. Cuando hallaba grupos humanos, aunque no disponía de todos los medios necesarios, trataba de atender sus problemas de salud y alimentación. Lo más significativo fue, sin embargo, el conjunto de sus escritos enviado a Europa, en el que reportaba la injusticia y el sufrimiento producidos por la esclavitud. Aunque su efecto no fue inmediato, éstos contribuyeron a provocar un cambio a favor de la libertad.
Entre los ataques de animales, el hambre y el excesivo calor, Livingstone proseguía con su esfuerzo y creó una estrecha amistad con muchos nativos y jefes tribales que cobraron un enorme aprecio en él. Durante seis años perdió contacto con Europa.
En 1869 enfermó de disentería (una enfermedad intestinal), pero así siguió trabajando. Cuando ya no pudo continuar, los nativos de Zambia, sus amigos, lo colocaron en una camilla para llevarlo hasta un lugar donde pudiera recibir ayuda médica. Aunque el recorrido duró varias semanas, ellos no se cansaban. Su salud no mejoró y antes de morir pidió a sus amigos que hicieran llegar sus restos a Inglaterra.
El desafío era bastante grande, significaba transportarlos a lo largo de 1,500 kilómetros, sorteando graves peligros: animales salvajes, tribus enemigas y ríos de poderosa corriente. Lo más fácil era sepultarlo en el propio lugar de su muerte y quedarse con sus efectos personales, pero el sentido de lealtad –fundamental en las tribus africanas-, que tenían con él no les permitió traicionar su promesa.
Prepararon el cuerpo, hicieron un cuidadoso inventario de sus propiedades e iniciaron el viaje a pie hasta la costa del océano Índico. El recorrido duro diez meses (de abril de 1873 a febrero de 1874) y concluyó hasta cumplir la misión. Una vez en la costa, las pertenencias del doctor y sus restos fueron embarcados. Hoy descansan en la abadía de Westminster, Londres, pero su corazón quedó para siempre en África.
Inventos Divertidos. Fosiles de Fantasias
LO QUE NECESITAS
2 Tazas de yeso blanco
1 taza de agua
Arena
COMO HACERLO:
- Llena un recipiente con arena. Rocía la arena con poco agua hasta que se encuentre lo suficientemente húmeda para mantener una impresión.
- Haz una impresión en la arena usando objetos duros como una concha, un animal de plástico o hasta tu propia mano.
- Mezcle el agua y el yeso blanco en un recipiente pequeño.
- Inmediatamente vierte la mezcla del yeso blanco en la impresión de la arena. Ten cuidado de que el yeso blanco no toque las paredes del recipiente por que si lo hace el fósil será difícil de sacar.
- Deja secar el yeso blanco por unos 35 a 45 minutos o hasta que endurezca.
- Remueve el fósil de la arena.
IDEAS Y TIPS DE INVENTOS
- Crea fósiles de fantasía de colores mezclando una cucharada de colorante en polvo al yeso antes de agregarle el agua.
martes, 1 de septiembre de 2009
Ser Humano. Frases de Valor

Las Tres Hiladeras
La madre tuvo vergüenza de confesar la verdadera causa y dijo: -“le gusta tanto hilar a mi hija, que no puedo conseguir que cese de hacerlo. Yo soy pobre y no puedo comprar tanto lino”.
Replicó la reina: -“Nada hay que me guste tanto como hilar y nunca estoy tan contenta como el oír del ruido de las ruecas. Dejad venir a vuestra hija a palacio conmigo. Tengo mucho lino y podrá hilar a su gusto.
Se puso muy contenta la madre y dejó que se marchara su hija con la reina.
En cuanto entraron en el palacio, condujo la soberana a la niña a un departamento en el que había tres aposentos llenos del más fino lino desde el suelo hasta el techo.
-“Hila para mí todo este lino”, le dijo la reina “Cuando lo hayas terminado, podrás casarte con mi hijo; aunque seas pobre, no por ello te tengo en menos, ya que tu habilidad es suficiente dote”
La niña estaba muy asustada, ya que calculaba que aun cuando se asara hilando de la mañana a la noche, no podría terminar el trabajo hasta que fuera edad de trescientos años. Al quedarse sola, se puso a llorar y así permaneció durante todo aquel día y el siguiente, no trabajando en lo más mínimo.
Al tercer día, fue a verla la reina y se extrañó de que todavía no hubiera empezado, pero la niña se excusó diciendo que no había podido ponerse a trabajar porque echaba de menos su hogar. Aceptó la reina esta explicación, pero le advirtió que al día siguiente debía comenzar su tarea, sin que valieran pretextos de ninguna clase.
En cuanto volvió la niña a hallarse sola, no supo qué hacer ni qué medio encontrar para salir del paso y se puso a mirar por la ventana. Vio acercarse a tres singulares mujeres, de las que la primera tenía uno de los pies muy grande y ancho; la segunda, el labio inferior alargado, de modo que casi le llegaba a la barbilla; llamaba la atención en la tercera el pulgar de la mano derecha, que era en extremo abultado. Se detuvieron debajo de la ventana, miraron hacia arriba y preguntaron a la muchacha que sucedía.
Contóles la niña el apuro en que se hallaba y le ofrecieron las viejas ayudarla, diciéndole: -“¿Querrás invitarnos a la boda, llamándonos tías sin avergonzarte de nosotros y dejándonos participar del banquete? Si no solo prometes, te hilaremos el lino en muy poco tiempo”.
-“De todo corazón os lo prometo”, respondió la niña. “Podéis entrar y
empezar ahora mismo”
Abriéndoles la puerta y les hizo un poco de espacio en la primera habitación. Inmediatamente, se pusieron a hilar. Una, hacía girar la rueca con el pie en el pedal; otra, humedecía el hilo, alargando cada vez el labio; la tercera, apretaba el hilo con el pulgar sobre la mesa y cada vez que lo hacía caía al suelo un montón de hilo muy fino.
Cada vez que venía la reina, escondía la niña las tres hiladeras y le mostraba el hilo. La soberana estaba muy complacida y no regateaba los elogios. Cuando estuvo vacío el primer cuarto, pasaron las hiladeras al segundo y poco después al tercero, de modo que no tardó mucho en estar terminado el trabajo. Entonces, se despidieron las tres mujeres de la niña, diciéndole: -“No te olvides de cumplir lo prometido, ya que ello será tu fortuna”
Cuando la muchacha mostró a la reina los tres aposentos vacíos y el gran montón de hilo, se dispuso la boda. El príncipe estaba muy contento de casarse con una joven tan hábil y trabajadora y la elogiaba mucho.
-“Tengo tres tías”, díjole la muchacha, “que me han prestado grandes servicios y a las que no quiero olvidar en mi prosperidad. Desearía invitarlas a la boda y que se sentaran con nosotros a la mesa.” La reina y el príncipe accedieron gustosos a la petición de la novia.
El día de la boda, entraron las tres viejas muy bien vestidas y la joven las saludó, diciendo: -“Bienvenidas, queridas tías.”
-“¿Cómo?”, dijo el príncipe. “¿Porqué son tan feas tus parientas?” Luego, dirigiéndose a la que tenía el pie muy grande, le preguntó: -“¿Cómo tenéis este pie tan ancho?” –“De mover la rueca con el pedal”, respondió ella; “de mover la rueca con el pedal.”
Interrogó luego a la segunda: -“¿Por qué motivo cuelga vuestro labio?” –“De tanto humedecer el hilo”. Contestó; “de tanto humedecer el hilo.”
“Finalmente, inquirió de la tercera: -“¿Por qué es tan grande el pulgar de vuestra mano derecha?” –“De tanto apretar el hilo”, replicó la vieja; “de tanto apretar el hilo.”
Se horrorizó el príncipe pensando en cómo se convertiría la novia y dijo: -“No permitiré que mi bella esposa vuelva a tocar una rueca.”De este modo quedó exenta la joven de realizar el trabajo que tanto le desagradaba.