viernes, 30 de octubre de 2009

El murciélago y el Jilguero

Cierta noche un murciélago oyó cantar a un jilguero que estaba encerrado en una jaula.
Se acercó y le preguntó por qué cantaba sólo de noche.
-Antes cantaba de día –repuso el jilguero-, pero desde que me atraparon aprendí a ser prudente.
-¡Pues no es ahora cuando debías serlo, sino antes de que te capturasen! –le replicó el murciélago.
Por Esopo
YYY
Debes ser prudente antes de cometer un error, y no después.

jueves, 29 de octubre de 2009

La Tela de Aracne


Relata la leyenda que era Aracne
la griega tejedora
que despertó la envidia de Minerva,
por haber presentado encantadora
urdimbre con escenas
muy propias de la vida de los dioses.

No pudiendo Minerva superarle,
a Aracne le rompió
su obra maravillosa y adorable.
Aracne entristecida, sucumbió

Y es fama que Minerva arrepentida,
volvió a Aracne a la vida
convirtiéndola en una araña persistente
en tejer y tejer
la engañadora y primorosa tela
que se extiende
cual ala de cristal en el espacio.


Poemario Escolar

Fernando Gamboa Berzunza

miércoles, 28 de octubre de 2009

El caminante y el cuervo

Caminaba un hombre por un sendero cuando oyó:


-¡Salud!


Se detuvo para ver quién le saludaba, pero no encontró a nadie. Prosiguió su camino y el poco oyó de nuevo


-¡Salud! ¡Salud!

Como la voz parecía amable, se entretuvo el caminante en buscar a quien hablaba, pero tampoco vio a nadie. Poco después un cuervo revoloteó sobre su cabeza.

-¡Salud! ¡Salud! ¡Salud! -repetía el pájaro

-¡Así que eras tú! -gruño el hombre-. Llevaba prisa y, por entretenerme a ver quién me saludaba, ahora llegaré tarde

Por Fedro

Adivina Adivinanza

En él viajan la familia y el equipaje, y se pasa la noche en el garaje.

martes, 27 de octubre de 2009

El Diablo y el Posadero


Cierta vez el diablo se presentó en una posada. Nadie lo conocía y él, malvado que era, se dedicó a fastidiar a los parroquianos.

Alertado por las quejas, el dueño de la posada se fijó en quién organizaba el alboroto y finalmente reconoció al diablo.

-¡Ahora verás la paliza que te doy! -argumentó el posadero.

-No tienes derecho a enfadarte -argumentó el diablo-. Al fin y al cabo la maldad está en mi naturaleza y sería muy cruel dar una paliza a alguien como yo, que no puede cambiar.

-En eso estamos de acuerdo -concluyó el hombre. Y acto seguido hizo un lazo corredizo en una cuerda y colgó con ella al diablo para que no volviera a molestar a nadie.

por Stevenson

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Las falsas escusas no nos salvan de los aprietos